“Pero de eso debería tratarse justamente cuando alguien dice
que le preocupa el lenguaje: no de la belleza de un atavío, sino de formas que
abran la conciencia a los vaivenes del viento.”
“(…) como si la traducción se convirtiera en una rama de la patafísica, esa ciencia de las soluciones particulares”.
MarceloCohen, Notas sobre la literatura y el sonido de las
cosas, Malpaso Ediciones SL, 2017
Hasta el 30 de septiembre de 2018, en el Museo de Arquitectura de Buenos Aires, una muestra relaciona los laberintos de Borges con el que construyó su amigo, el editor italiano Franco Maria Ricci, en Fontanellato, fotografías intervenidas de Karina Chechik y otras de Jeremiah Chechik. Curaduría de Rodrigo Alonso.
Mensaje para quienes estén leyendo: yo
le pondría el siguiente fondo musical a esta entrada, pero si no les gusta el jazz setentoso de Herbie Hancock, pueden salteárselo olímpicamente y no pasa nada.
Chéri Hérouard, 1917 (abajo)
Las palabras aletean con variedad
de colores, dibujos y movimientos en cada lengua; evocan diferentes figuras,
magias y misterios. Cada idioma imaginó su susurro imperceptible.
Hace mucho que me llama la
atención que las palabras que designan al pequeño lepidóptero en las lenguas
que conozco sean tan diferentes, sobre todo que no haya ningún parentesco entre
las que nombran al insecto en lenguas tan cercanas como el español, el
portugués, el italiano y el francés.
Busqué en el diccionario
etimológico DCECH Corominas y Pascual, y encontré que la palabra mariposa
aparece documentada desde 1400 en canciones infantiles, que decían “María,
pósate”. Esa asociación con la niñez y la música no me sorprende en una palabra
famosa por poblar un imaginario primaveral idílico. Sí me resulta llamativa la
hipótesis “Parece que mariposa siempre ha sido el único nombre
de los insectos lepidópteros en castellano, además de ser el exclusivo de
este idioma, aunque hay una construcción similar en el nombre de la mariposa en
sardo: mariavolavola”.
Corominas y Pascual expresan
mi misma sorpresa: “Curiosamente, los nombres de estos insectos en varios
idiomas de Europa no son cognados entre sí, tienen formas muy diferentes y en
la mayoría de los casos no están relacionados. Así tenemos el portugués borboleta, el francés papillon, el catalán valiaina(aunque la forma más usual es papallona, que sí es cognado del
francés), al italiano farfalla, el
alemán Schmitterling, el danés sommerfugl, el neerlandés vlindery el inglés butterfly, por poner algunos ejemplos. Aún más curioso es el nombre
que recibía la mariposa en griego antiguo:“psyche”.
En el diccionario Treccani,
de italiano, se habla de una “etimología incierta: tal vez voz fonosimbólica”.
En el Garzanti se repite la duda sobre el origen, aunque se prefiere hablar de
posible voz onomatopéyica, que me suena un poco más duro que la más
mariposienta “fonosimbólica” (tal vez por la coincidencia de la “f” inicial,
como en “farfalla”). El árabe reproduce también esa sonoridad apenas silbada o
soplada, en su farashay el islandés me
induce a asociarlo con la “f” de “flor” en su fŏrildi, aunque probablemente no tenga nada que ver: ignoro
completamente ese idioma. Podría rastrear algo lúdico e infantil en el
indonesio kupu-kupu, el swahili kipepe,
el ruso babochkay hasta en el turco kelebek.
El misterio de la
transformación de un gusano feo en una criatura de belleza efímera y delicada, de
silencioso y elegante movimiento, parece haber suscitado versiones multicolores
en las lenguas.
Un compositor italiano se
inspira en la historia de una japonesa que se enamora de un estadounidense: según
una cierta visión holística relacionada con la teoría del caos, el aletear de
las alas de una mariposa en un lugar del mundo (como dice un antiguo refrán
chino y parece que los hay para todo) puede causar un efecto mayúsculo en un
lugar remoto...
Y entre palabras, música e
imágenes, la mariposa se irá alejando, lenta y juguetona.
“Quand on veut écrire sur les femmes, il faut tremper sa plume dans
l'arc-en-ciel et secouer sur sa ligne la poussière des ailes du papillon.” (Denis Diderot)
“Il faut bien que je supporte deux ou trois chenilles si je
veux connaître les papillons.”
(Le Petit Prince, Antoine de Saint
Exupéry)
Anima mia
che metti le ali e sei un bruco
possente ti fa meno male
l'oblio che questo cerchio di
velo.
E se diventi farfalla nessuno pensa più a ciò che è stato quando strisciavi per
terra e non volevi le ali.
(Alda Merini)
“Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al
despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era
una mariposa y estaba soñando que era Tzu.” (Chuang Tzu)