miércoles, 25 de marzo de 2020

Los eufemismos también matan



El árbol de la vida, cultura Chancay (Perú), entre 900 y 1476
A comienzos de marzo había empezado a escribir una entrada para este blog acerca de la pobre representación política femenina en mi país de origen, Uruguay, que supo ser de vanguardia en tantos aspectos a lo largo de su historia. 

La idea que tenía era comparar mi entrada de hace un año (marzo 2019) https://leomadalena.blogspot.com/2019/03/vieja-negra-y-extranjera-la-primera.html?m=1 con la situación poselectoral de hoy, marzo 2020 (las últimas elecciones nacionales en Uruguay fueron en noviembre 2019).

A pesar de mi modestísimo llamado de atención desde este blog hace un año, en las últimas elecciones la representación femenina en los cargos electivos en 2019 fue peor que en 2014, como consigna el siguiente artículo del diario El País de Montevideo, que no se puede considerar un medio revolucionario de izquierda o feminista: 

Aquel plan acerca de la nueva entrada del blog se vio interrumpido por el vértigo del COVID-19. En pocos días los acontecimientos empezaron a acelerarse a un ritmo nunca antes visto. Todo iba cambiando muy rápido, a medida que el contagio se expandía y que los gobiernos de los países afectados empezaban a tomar diferentes medidas para contener los daños.

En Italia, otra de mis patrias, la situación se ponía cada vez más dura. Mi hija menor y mis otros familiares, mis exvecinas y exvecinos, mis amigos y amigas sufren, aguantan, se deprimen, se cuidan y cuidan, se inventan, se descubren, sin saber hasta cuándo tendrán que vivir en primera persona este relato de ciencia ficción de terror de Ray Bradbury.

En Argentina, la patria donde vivo, hace varios días que estamos en aislamiento (desde el 20/03/2020) y el gobierno cada vez toma nuevas medidas para contener la debacle que se avecina y que ya se sabe que golpeará más a las franjas más débiles (as usual). La Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), dada a conocer en los informes del 5 y del 28 de diciembre de 2019, registró para la segunda parte del año 2019 un 40,8% de personas bajo la línea de pobreza, de los cuales un 8,9% se ubicaron por debajo de la línea de indigencia. 

Wichis qom ya se morían de hambre y de invisibilidad antes del virus. La situación económica general ya era un desastre antes del virus. Sin embargo, algo bueno pasó: mucha gente de bandos políticos opuestos se unió en actitud solidaria ante la emergencia. Otras personas no, claro, porque hay de todo en la viña del señor...

En Uruguay, hoy (25 de marzo), el actual gobierno, cuya asunción fue hace escasos veinticuatro días (¡!), todavía no tomó casi ninguna de las duras y valientes medidas que tomó el gobierno que fue electo en el mismo período de este lado del charco: no solo no hay cuarentena, sino que cuando en Argentina se prohíbe que se les corten los servicios públicos durante 180 días a quienes no podrán pagarlos debido a la emergencia económica, en el paisito las tarifas se aumentan un 10%... Y Uruguay es hoy el país de América del Sur con mayor número de contagiados en proporción a su escasa población.

Como las malas noticias no vienen solas, con respecto a los cuatro feminicidios en diez días que se perpetraron en marzo, el presidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle Pou (el Cuquito, como es conocido, y lo digo sin querer faltar el respeto hacia su alto cargo), habló de inevitables daños colaterales. Ahí llego a la cuestión lingüística y me disculpo por la larga introducción.

Busqué en Wikipedia la historia de la expresión daño colateral (clic en el link). Sé que no es una fuente del todo confiable, pero tampoco estoy escribiendo una tesis de doctorado.

Solo quisiera entender si hay una relación entre aquella pobre representación femenina en la política uruguaya y en cualquier cargo dirigente (también en la empresa privada, en las instituciones, en los clubes, en las asociaciones, etc.) y el uso de este eufemismo por parte del presidente recientemente electo.

¿Qué corno quiere decir el Cuquito con la expresión "daños colaterales", que proviene del lenguaje militar, para referirse a los feminicidios

Me acuerdo cuando me topé por primera vez con esa expresión, en la Guerra del Golfo. Ese eufemismo de origen militar me llenó de indignación humana, como me llena de indignación todo lo relacionado con las guerras: soy pacifista. Pero escuchar al presidente del Uruguay usar ese eufemismo para referirse a las mujeres asesinadas por hombres con los que tuvieron alguna relación me produce algo más que indignación, me revuelve las tripas. ¿Cuál es la guerra? ¿Cuáles los soldados?

También me subleva que se use el lenguaje militar para hablar de un virus: no es una guerra, es un virus. La guerra siempre es evitable. Un virus es un virus. Un asesinato es un asesinato, y siempre es evitable. Una mujer asesinada es una mujer asesinada, no un daño colateral. El machismo es machismo. Y también mata, como los eufemismos.

A propósito del uso discursivo de los eufemismos encontré esta joyita del lingüista holandés Teun Van Dijk (las negritas son mías):

Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.39 n.60 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342006000100003 

...la manipulación de la cognición social puede también incluir las bases mismas de toda la cognición social: el conocimiento general compartido socioculturalmente. De hecho, una de las mejores formas de detectar y resistir intentos de manipulación es el conocimiento específico (por ejemplo acerca de los actuales intereses de los manipuladores) así como conocimiento general (por ejemplo acerca de las estrategias para mantener el presupuesto militar elevado). Será, pues, de interés de los grupos dominantes asegurarse que no se adquiera un conocimiento general relevante y potencialmente crítico o que solo se adquiera conocimiento parcial, mal dirigido o prejuiciado.

Un ejemplo bien conocido de esta última estrategia fue la afirmación con la que el gobierno de Estados Unidos y sus aliados legitimaron el ataque a Irak en 2003: “conocimiento” acerca de armas de destrucción masiva, conocimiento que luego resultó falso. Se oculta información que puede llevar a conocimientos que se podrían usar para resistir la manipulación, por ejemplo, acerca de los costos reales de la guerra, el número de muertos, la naturaleza del “daño colateral” (civiles muertos en bombardeos masivos y otras acciones militares), etc. característicamente es ocultado, limitado o de alguna manera hecho aparecer menos riesgoso y, por ello, discursivamente desenfatizado, mediante eufemismos, expresiones vagas, implícitos, etc.

(...) Nuestro conocimiento sociocultural forma el núcleo de estas creencias y nos permite actuar, interactuar y comunicarnos significativamente con otros miembros de la misma cultura. Lo mismo sucede con muchas actitudes e ideologías sociales, compartidas con otros miembros del mismo grupo social, por ejemplo, pacifistas, socialistas, feministas, por una parte o racistas y machistas chauvinistas, por la otra (van Dijk, 1999). Estas representaciones sociales se adquieren gradualmente a lo largo de la vida, y si bien pueden cambiar, normalmente no cambian de un día para otro. (...)

El artículo completo en este link: Teun Van Dijk

Por último, algunas recomendaciones lingüísticas relacionadas con el virus, la enfermedad, la vacuna, etc. publicadas por Fundéu: 

Las expresiones vacuna contra la COVID-19 y vacuna anti-COVID-19 son más precisas y resultan, por tanto, preferibles a vacuna contra el coronavirus para referirse a la que se está intentando obtener para frenar la actual pandemia, como señala la Real Academia Nacional de Medicina. También es posible formar expresiones con el mismo significado empleando el prefijo anti-.
Vacuna contra la enfermedad o contra el virus
En el lenguaje médico y también en el español general es frecuente hablar tanto de vacunas contra una enfermedad (vacuna antigripal) como de vacunas contra el virus o la bacteria que las provocan (vacuna antimeningocócica o vacuna contra el virus del papiloma humano).
En el caso actual, resulta más preciso hablar de vacuna contra la COVID-19, que es el nombre de la enfermedad establecido por la OMSVacuna contra el coronavirus es una fórmula más imprecisa, ya que existen otros coronavirus diferentes del SARS-CoV-2 (el causante de la actual pandemia), por lo que en todo caso habría que usar la forma más compleja vacuna contra el SARS-CoV-2.
Con el prefijo anti-
• También es posible aludir a las vacunas con el prefijo anti-, seguido del sustantivo que da nombre a la enfermedad (en este caso, vacuna anti-COVID-19) o al agente que la causa (vacuna anticoronavirus, aunque, como se ha explicado anteriormente, resulta una fórmula imprecisa).
• Asimismo es habitual emplear ese mismo prefijo seguido de un adjetivo derivado a partir del nombre de la enfermedad o del agente que la causa: vacuna antidiftéricavacuna antirrábica, etc.
Para esta enfermedad, el adjetivo correspondiente sería covídico/a, y el del virus coronavírico o coronaviral, todos ellos correctamente formados, aunque, como es lógico, todavía registran un uso muy escaso. A partir de ellos, podrían formarse las expresiones vacuna anticovídica, en referencia a la enfermedad, y vacuna anticoronavírica o vacuna anticoronaviral, en relación con el virus, aunque estas últimas son formas más imprecisas.


sábado, 8 de febrero de 2020

El balor del herror



Foto propia LM
EL BALOR DEL HERROR




Hace un tiempo iba caminando por la Av. Libertador de Buenos Aires y me topé con el cartel publicitario de la foto. Entonces se me aceleraron algunas sinapsis. Resumo, más o menos, el hilo de mis razonamientos, asociaciones y divagues varios.

En primer lugar, ese “porqué” en “No hay porqué” está mal porque si fuera un sustantivo tendría que estar precedido por un artículo u otro determinante, como en “el porqué de las cosas” o “tenía una respuesta para cada porqué”. En el caso del aviso, lo correcto habría sido “no hay un porqué”. De lo contrario, si estamos ante una subordinada causal, tendríamos que usar “por qué”, separado; en tal caso quedaría “no hay por qué”, con el verbo “tomarla”  o "no tomarla", por ejemplo, implícito.

Me detengo a pensar en la archifamosa marca, símbolo del imperio del consumismo, del éxito empresarial y del marketing, con una larga historia de publicidades icónicas (¡Madmen, yessss!), y no puedo evitar hacerme algunas preguntas. Es que quienes nos ocupamos de la lengua (y no solo a la vinagreta), tenemos esos defectos profesionales, nuestras obsesiones. (Sí, sí, es cierto, somos medio TOC). ¿Será un error que se les pasó a un número indeterminado de personas en el largo proceso que culmina en este cartel de la Av. Libertador? Naaaaa, no puede ser, estamos hablando de Coca Cola… Pero si no es un error, lo hicieron a propósito. Mmmmm ¿y con qué finalidad? No encuentro ninguna respuesta satisfactoria.

Vuelvo a la primera hipótesis (se les pasó a los chiquicientos que lo leyeron antes de que terminara en Libertador) y me acuerdo de cuando detecté un error semejante en otro cartel a dos cuadras de ahí. Aquella vez me había tomado la molestia de fijarme cuál era la agencia de publicidad y de escribirles, muy diplomáticamente. Nunca recibí respuesta.

Otra vez, como soy medio testaruda y una optimista incurable, encontré un error de esos horribles, que te hacen poner la piel de gallina, en un flyer de un aviso de un seminario o una conferencia (ya ni me acuerdo) organizada por el Ministerio de Educación (seeeeeeeee) de un país que no quiero nombrar. Se trataba de formación para docentes (sic) y escribí a la dirección de contacto que estaba en el aviso. Tampoco me contestaron.

Ahora me estoy acordando de otra ocasión, cuando le señalé a un autor reconocido y multipremiado, en un mensaje privado (obbbbbvvvvvvio), que había detectado un error de incongruencia en los nombres de los personajes al final de una novela que había publicado hacía poco: se confundía a la protagonista con su madre justo cuando se explicaba la vuelta de tuerca del desenlace. Nunca me contestó, y eso que yo le decía que seguramente le iban a reeditar su novela, que era muy buena, y que sería fácil corregir ese desliz en una futura edición.

Pero el panorama no es tan deprimente. Hace un tiempo hice una traducción de un artículo científico y, junto con el texto traducido, le entregué a mi clienta su original en español con algunas pequeñas correcciones y comentarios (realmente estaba muy bien escrito). Se quedó encantada y me agradeció que le hubiera corregido también el español. Me dijo que le había servido mucho lo que le había señalado. Rescato esa actitud, que debería ser más valorada en nuestra sociedad. Mi clienta aprendió algo nuevo y seguramente incorporará lo aprendido a sus próximos artículos, que serán todavía mejores, más comprensibles, más legibles y de lectura más amena.

Siempre hay que aprender del error, aprender a equivocarse (como ya se sabe, la única persona que nunca se equivoca es la que nunca hace nada), y también aprender a controlar las propias obsesiones y rigideces (ejem, ejem, esto va también para mí y para quienes estudiamos corrección…).

Quienes aprenden de sus propios errores siempre aspiran a mejorar la calidad de lo que hacen o producen. La actitud hacia el error define la capacidad de aprendizaje de una persona, así como su tolerancia a la frustración. La permeabilidad a una crítica constructiva en un entorno laboral o académico serio debería ser más valorada que la búsqueda obsesiva de la perfección.

Sin embargo, lamentablemente, a las personas no les gusta que les señalen errores, aunque en la empresa o en el sitio de la institución donde trabajan aparezca un cartelito que diga “Queremos mejorar, así que nos gustaría que completaras la encuesta”. Si realmente quieren mejorar, ¿por qué una nunca encuentra un resquicio en el sistema donde señalar un error? Y si excepcionalmente una lo encuentra y escribe, ¿por qué nunca recibe una respuesta? He escrito a instituciones oficiales (municipios, ministerios, etc.), a empresas (mi banco, agencias de publicidad, empresas de transporte, etc.) y a particulares (etc., etc.) sin haber obtenido nunca una sola respuesta.

Claro, con los errores de lengua pasa algo peor que con la suciedad. Cuando algo está muy sucio todo el mundo lo nota, aunque cuando está limpio nadie dice “¡Qué limpio que está!”. Los errores de lengua, en cambio, ya ni se notan; solo de vez en cuando alguien se escandaliza por algún error de ortografía. Pero encima, como nadie está libre de cometer alguno, mejor no andar señalando los que detectamos en los demás, no sea cosa de que después nos señalan los nuestros… no lo soportaríamos.

Antes dije que en general a las personas y a las instituciones no les gusta que les señalen errores, pero “en general” no es “a todas”. Hay excepciones, y el futuro es de las personas y de las instituciones excepcionales. Las que haprendan a ekibocarse.

jueves, 5 de diciembre de 2019

El arbolito de Navidad en el sur podría ser un jacarandá o un ceibo

Plaza Chile, Buenos Aires, foto propia LM



En esta época del año, día más día menos, llega la alegría de la floración de estos fantásticos árboles sudamericanos a calles, plazas y parques de Buenos Aires y a muchos otros lugares del cono sur. La magia se renueva todos los años. Tengo que confesar que, cuando se demora un poco, empiezo a inquietarme. Pero el reloj de la naturaleza no falla. Los jacarandás se imponen e impactan con fuerza en el árido cemento de la ciudad, lo golpean y a la vez lo visten, lo perfuman y lo ensucian de lila, o violeta, o celeste, o “azul violáceo”, como dicen los expertos. No hay dos lentes que vean estas flores del mismo color.

La palabra “jacarandá” es de origen guaraní y, en la tierra donde se originó el árbol, es un sustantivo masculino. En el español actual el plural es “jacarandás”, como el de todas las palabras que terminan en á tónica: papás, sofás, etc. 

En el DPD (Diccionario Panhispánico de Dudas) se lee:

jacarandá o jacaranda. ‘Árbol americano de flores tubulares de color violáceo’. La forma aguda [jakarandá], cuyo plural es jacarandás ( plural1b), se usa como masculina: «Contemplaba los jacarandás desde las ventanas» (Martínez Evita [Arg. 1995]). La variante llana [jakaránda], propia de México y algunos países del área centroamericana, es femenina: «Las jacarandas comenzaban a teñirse de color violeta» (Chao Altos [Méx. 1991]).

Lo curioso es que, en sus viajes por el mundo, esta palabra pasó de aguda a grave y de masculina a femenina, así que en otros países (México y España entre ellos) se habla de “las jacarandas”.

¿Qué tal una pausita en la lectura con esta creación de Jósean Log?





Jacaranda Jósean Log

La artista argentina Marcela Mouján vistió la estación San Martín de la línea C del subte de Buenos Aires con un mural de mosaico veneciano con motivo de árboles autóctonos:


En Montevideo los jacarandás tiñen la ciudad, pero de manera más discreta y austera, acorde con la idiosincrasia de los locales.

Calle Juan Paullier, Montevideo. Foto propia LM


Claro que en primavera no solo explotan los jacarandás, sino también los lapachos y tantas otras especies botánicas. La variedad de colores y su contraste es lo que más hace suspirar; como suele decirse: "en la variedad está el gusto". Ahí tenemos entonces al rojo ceibo, flor nacional tanto en Argentina como en Uruguay.

Ceibo en el Parque Rodó, Montevideo. Foto propia LM

La flor del ceibo, o seibo, cuyo nombre botánico es Erychrina crista-galli por su aspecto de cresta de gallo, es hermafrodita, y se la considera una flor perfecta, con sus cuatro ciclos florales: cáliz, corola, androceo y gineceo.
Tanto ceibo como jacarandá son palabras de origen guaraní. Con la llegada de la primavera este pueblo celebra el Ara Puahu, inicio de un nuevo ciclo o nuevo año. Los Opygua, guías espirituales de las comunidades guaraníes, reparten bendiciones para niñas y niños, mujeres y hombres, para el monte y sus animales, para las plantaciones y para la salud.

Acá dejo un link a un video de la canción “Anahí”, del correntino Osvaldo Sosa Cordero, con el texto de la leyenda de la flor del ceibo:


En 2007, el gobierno de Tabaré Vázquez (presidente de Uruguay desde 2005 hasta 2010 y desde 2015 hasta 2020) creó un plan educacional pionero en el mundo, el Plan Ceibal, que proporcionó una computadora portátil a cada niño en edad escolar y a cada maestro de la escuela pública. La sigla “Ceibal” es un retroacrónimo que significa Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea. Los retroacrónimos se construyen tomando una palabra y creando una nueva secuencia con las iniciales de la palabra. Por ejemplo, la prueba de Apgar, que se hace para evaluar la vitalidad de los bebés recién nacidos, lleva originalmente el nombre de su creadora Virginia Apgar. Diez años después de la publicación de esa prueba se acuñó el retroacrónimo APGAR: Apariencia, Pulso, Gesticulación, Actividad y Respiración. En el caso del Plan Ceibal, el propio Tabaré Vázquez confesó que hubo que hacer malabarismos para encontrar la manera de que la palabra “ceibal” se transformara en una sigla.

El ceibo blanco es una variedad silvestre encontrada en el Uruguay en 1961. ¿Tendrá que ver esto con que Uruguay sea una “mosca blanca”? En esta América del Sur tan convulsionada en 2019, Uruguay celebró dos instancias electorales en paz: 


Se me ocurre dejar este breve periplo lingüístico-botánico con un poema de una gran poeta uruguaya: Juana de Ibarbourou, o Juana de América, nacida en Melo, en 1892. Este año se cumplen 100 años de su primer libro de poesías, Las lenguas de diamante

Para Juana la flor del jacarandá es azul, como el sueño.

QUIETUD

Calle sombreada de sauces
Y azul de Jacarandá.
Todos los ruidos del mundo
En ella se dormirán.

Y el sueño será azul como
La flor de Jacarandá.

¡Quién te diera, alma cansada
Y herida por el temor,
Todo un día de silencio
En esta calleja en flor!

(La rosa de los vientos, 1930)

¡Feliz Ara Puahu! 

lunes, 7 de octubre de 2019

La jerigonza portuguesa


JE-PE-RI-PIN-GO-PO-ZA-PA

Odeceixe, Alentejo, mayo 2019 (foto propia, LM)

Con frecuencia la realidad golpea a la puerta de quienes nos ocupamos de cuestiones relacionadas con las lenguas: surgen nuevas palabras para nuevas realidades, a veces en forma de préstamos de otras lenguas y a veces con varias posibles traducciones.


A propósito de las elecciones de ayer (6/10/19) en Portugal, surge la cuestión del término “jerigonza” (en portugués “gerigonça”) que se está imponiendo como nuevo lusitanismo en español, y que algunos medios tradujeron como “mamarracho”, “engendro” o “artefacto”.




La palabra hace referencia a la coalición de partidos de izquierda, el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista Portugués (PCP) y el Bloque de Izquierda, que parecía bastante improbable en 2015, pero que no solo sobrevivió al primer período de gobierno, sino que se podría encaminar al segundo, después de la victoria electoral de ayer. El complicado sistema de acuerdos políticos que sostuvo el gobierno de Costa podría ir hacia un bis, adaptándose a los nuevos resultados electorales, aunque todavía no se sabe con certeza cómo sería la nueva coalición. 




En español, entre las acepciones de “jerigonza” que se encuentran en el diccionario de la RAE, vemos que la tercera se podría aplicar al concepto originario:

jerigonza
Del occit. gergons.
1. f. Lenguaje especial de algunos gremios.
2. f. Lenguaje de mal gusto, complicado y difícil de entender.
3. f. coloq. p. us. Acción extraña y ridícula.

En realidad, cuando era chica, en Uruguay, aprendí a hablar en jeringoso (o jeringozo) y no en jerigonza. El término "jeringoso" no está registrado en el diccionario de la RAE, pero sí en el Diccionario del habla de los argentinos (DIHA), publicado por la Academia Argentina de Letras (y se aplica también al habla de les uruguayes). En este último diccionario se encuentra la siguiente definición:

Forma festiva de hablar consistente en agregar luego de cada sílaba otra con la letra pe seguida de la o las vocales de aquella. La construcción de las sílabas adicionales sobre las de tres o más letras admite variantes más complejas. 

(De ahí el subtítulo de esta entrada, que está escrito en jeringoso: je-pe-ri-pin-go-po-za-pa).

En el Dicio, Dicionário Online de Português, figura el siguiente significado de gerigonça:

Coisa malfeita, que ameaça ruína; obra maljeitosa e mal armada que ameaça desconjuntar-se.

En el diccionario de Infopedia se ve lo siguiente:

geringonça
ge.rin.gon.ça
ʒərĩˈɡõsɐ
nome feminino
1.
construção pouco sólida e que se escangalha facilmente; caranguejola
2.
aparelho ou máquina considerada complicada; engenhoca
3.
coisa consertada que funciona a custo
4.
figurado sociedade ou empresa de estrutura complexa e pouco credível
5.
figurado qualquer coisa ou ideia engendrada de improviso e que funciona com
dificuldade

Creo que no estaría mal incorporar esa última acepción en sentido figurado a la palabra “jerigonza” en español, manteniendo el término como préstamo del portugués: ¡bienvenido algún lusitanismo más a este océano de anglicismos!

Una de las "repúblicas" de Coimbra, mayo 2019 (foto propia, LM)
En el Río de la Plata, la castiza "jerigonza", que en el diccionario tiene solo matices negativos, es probable que se tiña un poco del aspecto alegre y lúdico de nuestro juego infantil, el jeringoso. También podría suceder que la RAE aceptara nuestro rioplatensísimo "jeringoso". Porque la lengua, por suerte, siempre está cambiando...


Además, va a ser interesante ver cómo ese matiz negativo del término “jerigonza” en “cualquier cosa o idea engendrada de improviso y que funciona con dificultad” puede evolucionar a positivo si la cosa en cuestión funciona en la realidad

Imagen propia, costa sur de Portugal, mayo 2019, LM



domingo, 29 de septiembre de 2019

Traducciones y migraciones

escultura de Bruno Catalano

El sábado 28 de setiembre de 2019 me junté con colegas de la AATI (Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes) para celebrar el día de la traducción. También para festejarnos, para festejar haber elegido este bello camino por un mundo multicolor. 

El lugar elegido (muy apropiado) fue el Museo de las Migraciones, un lugar increíble de esos que ofrece esta palpitante ciudad de Buenos Aires, frente al río. Era la primera vez que iba ahí, aunque paso muy seguido por esos lares, para tomar el barco y cruzar el charco (léase Río de la Plata) e ir a mi ciudad de origen, Montevideo. 


Festejo AATI, Día de la Traducción 2019. Foto de LM, tomada desde el ascensor panorámico del Museo de las Migraciones


Yo también soy inmigrante, emigrante, migrante al fin, no solo de tierras, ciudades y pueblos, también de culturas, idiomas y perspectivas. Desde chica empecé a cruzar fronteras, de las político-administrativas no tantas (mi primer viaje largo fue a Europa con 20 años, antes había viajado solo a Argentina, Brasil, Chile y Paraguay). Pero desde la infancia había empezado a ampliar los horizontes viajando por las lenguas, primero el inglés, después el francés y el italiano, el latín, el ruso, el portugués, y recorriendo culturas, a través del cine (fui socia devota de Cinemateca Uruguaya desde los 14 años), la literatura, el teatro, la música, el ballet y la danza, la política, la filosofía y ainda mais. De grande tuve ocasión de viajar un poco más, a otros continentes y países lejanos. Cada vez se me iba agrandando el universo y cada vez me parecía más fascinante y sorprendente, más multicolor y con más matices, más rico y generoso. Cada encuentro y descubrimiento de esa maravillosa diversidad me obligaba (y obliga, y obligará) a cuestionarme mis propios prejuicios atávicos, mi visión del mundo: un trabajito incómodo de permanente reflexión. Lo que no sabía cuando empecé este viaje en la infancia era que se trataba de un viaje solo de ida, que iba a durar toda la vida.

Cito al traductor y profesor de quechua Carmelo Sardinas Ullpu en la celebración de la AATI:

“(… ) en estos 527 años nos separaron, nos dividieron y nos cuesta reconocernos hasta a los propios quechuas (…)  tenemos esa forma de ver, que el que está de la frontera para allá es extranjero  ¿cómo extranjero en nuestro propio continente? ¿en nuestra propia tierra?(...) ¿no puede haber un reconocimiento, que somos todos hermanos nacidos en este continente? Nosotros somos nacidos en esta tierra, somos hijos de la Pacha Mama y del padre Sol, entonces creo que tenemos que ir avanzando para unir (…) para reunirnos. Quiero dejarles este mensaje: tenemos que buscar la unidad en la diversidad, juntémonos.
(…)  tengo miedo de que se pierda nuestra lengua (antes de que vinieran los españoles eran 30 millones de personas que hablaban quechua) (…).”

Ahí va un link a una breve entrevista a Carmelo Sardinas Ullpu en 2017, en ocasión del primer (¡¿en 2017?!!!) Congreso Nacional de Lengua y Cultura Quechua (bueno, nunca es tarde cuando la dicha es buena):  


Más abajo hay otro link a una canción de Jorge Drexler para amenizar estas reflexiones. Destaco las siguientes palabras de la letra: 

“Yo no soy de aquí,
pero tú tampoco:
de ningún lado del todo
y de todos lados un poco”

“Si quieres que algo se muera,
déjalo quieto”


















Y el último link es a esta chamarrita, cantada por Alfredo Zitarrosa, que también alude a las eternas migraciones de la humanidad. Copio la letra.






No te olvides del pago
si te vas pa' la ciudad
cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.
Cierto que hay muchas cosas
que se pueden olvidar
pero algunas son olvidos
y otras son cosas nomás.

No eches en la maleta
lo que no vayas a usar
son más largos los caminos
pa'l que va carga'o de más.

Ahura que sos mocito
y ya pitás como el que más
no cambiés nunca de trillo
aunque no tengas pa' fumar.

Y si sentís tristeza
cuando mires para atrás
no te olvides que el camino
es pa'l que viene y pa'l que va.

No te olvides del pago
si te vas pa' la ciudad
cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.

Cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.

 ¡Feliz Día de la Traducción!


Perspectiva porteña, foto LM