martes, 4 de agosto de 2020

Traducir emociones

Mural de Rep en Mar del Plata. Foto Errecalde.

Hoy voy a contar algo de mi experiencia como profesora de español para extranjeros y divagar acerca del valor de una buena puteada.

Me encanta compartir un poquito de Borges con mis estudiantes universitaries italianes[1]. Cuando empiezan el curso de español, la mayoría no sabe nada de nada. Tengo que llevarles de un nivel cero, o casi, a un nivel intermedio (B1) en 60 horas, con clases de varias horas por día, al principio todos los días.

Visita a Palacio San Martín, febrero 2020. Foto propia LM

Claro, no les doy Borges en las primeras clases, sino cuando ya hace unas semanas que nos conocemos y después de haberles expuesto a materiales auténticos desde el primer día. También les hablo de una de las palabras más importantes para su vida en Buenos Aires: “boludo”. Para entrar en tema suelo mostrarles este videíto de Dustin Luke:



Eso es lo que tienen los cursos tan intensivos, son muuuy intensos tanto para les estudiantes como para mí. Se genera una atmósfera, circula una energía, nos divertimos (o al menos eso intento), hay emociones.

Volviendo a Borges, después de un par de semanas de clase les doy “La trama”.

La Trama

Jorge Luis Borges

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

En cada hoja A4 entra tres veces el cuento entero, así que recorto y reparto. Les aviso que les doy un cuento muy largo de Borges (a esa altura ya conocen mi gusto por la ironía). Después de haberlo leído, ellos en silencio y yo en voz alta, les digo: “Ahora ya pueden decir que leyeron a Borges en español”.

Tenemos esa maravilla de dos párrafos, que es muy significativa para cualquier lectora o lector italiane porque hay una enciclopedia compartida: la historia de la traición a Julio César, y el archifamoso “Tu quoque, Brute, fili mi?”,  que Borges hace viajar de Roma a España con Quevedo y a Gran Bretaña con Shakespeare, para hacerlo finalmente desembarcar en la pampa argentina.

Los contenidos culturales que se disparan en esos dos párrafos son múltiples. Tenemos, además, el tópico de la historia circular, uno de los ejes borgeanos que más me fascinan (¡gracias, Osvaldo Beker, profe de literatura del Instituto Mallea!). El tema se prestaría para escuchar a les chiques filosofar, si el curso no fuera tan intensivo y tuviéramos más tiempo. Sin embargo no importa: doy por sentado que una parte del grupo se va a quedar pensando y eso nunca tiene contraindicaciones.

Uno de los disparadores del cuento es esa genialidad: “¡Pero, che!”. A esa altura, en el curso ya hablé de la interjección “che”, del personaje histórico Che Guevara, de películas acerca del personaje, etc.

En la vereda de la esquina de Aráoz y Guatemala, BA. Foto propia LM

Entonces, como quien no quiere la cosa, podemos intentar resolver el gran desafío de la traducción de esas dos palabritas. Si tuviéramos más tiempo se desatarían cuestiones que van mucho más allá de lo estrictamente lingüístico. ¿Cómo traducir emociones? ¿Cómo lograr un efecto similar en otras lenguas? ¿Cómo encontrar un equivalente que esté en el mismo nivel, ni más arriba ni más abajo en la escala? ¿Cómo mantener el tono coloquial sin neutralizar? ¿Qué variedad lingüística elegir en la lengua de llegada? De cualquier manera, no es tan importante llegar a la mejor traducción, lo más interesante sería pensar en grupo las diferentes soluciones.

A Borges le gustaban los enigmasdecía que eran más interesantes los enigmas que las explicaciones. Un enigma significa que no hay una única respuesta o por lo menos no podemos conocerla. Tanto la docencia como la traducción están llenas de enigmas y en ambas es más interesante el recorrido que la meta

En la traducción al italiano de las obras completas de Borges, publicada por Mondadori, se incluye la traducción de Francesco Tentori Montalto (con autorización de Rizzoli Editore). El traductor opta por “Come, tu!”. El diccionario Treccani propone “Che! ti pare?” http://www.treccani.it/vocabolario/che3/. Otra posibilidad sería “Ehi!” para el “¡Che!”. 

Lo que tienen en común los insultos, los epítetos y las interjecciones es que son una manera saludable de soltar una emoción, de liberarla. Eso afirmaba el profesor Guillermo Badenes (Universidad de Córdoba, Argentina) en una muy entretenida charla virtual a la que asistí el 12 de junio de 2020 acerca de la dificultad para traducir “Insultos, refranes y demás frases hechas” (tal era el título de la charla).

El profesor Badenes elaboró una clasificación de epítetos según su intensidad. La lista graduada, en español, colocaba en primer lugar a los tabúes (vulgaridades, lenguaje de odio hacia algún grupo humano o términos escatológicos, es decir, referidos a cualquier emanación del cuerpo). Seguían las obscenidades, referidas a partes del cuerpo, la jerga o el slang, los apelativos, los homofónicos y los religiosos. 

En cada lengua el orden de la clasificación es diferente. Por ejemplo, en inglés, el orden sería el siguiente: taboo (vulgarity, sexually offensive, ethnic/sexual/health condition, escatology), obscenity (algo que afecta el decoro y la moral), blasphemy, profanity, sound-alikes, name-calling y slang.

Como los niveles no se corresponden entre español e inglés, el nivel de intensidad de blasphemy/profanity es mucho más grave en inglés que el de los epítetos religiosos en español. Así, OMG (“Oh, my God!”) es más fuerte que “¡Dios mío!”. Esa expresión en inglés se correspondería más con el nivel de las obscenidades o la jerga: “mierda”, “carajo”. Pero en la traducción hay que compensar de alguna manera esa diferencia entre blasphemy y profanity. Profanity implica la indiferencia o la negación de la religión. Cuando decimos OMG estamos incumpliendo el mandamiento “no usarás el nombre de Dios en vano”; la blasfemia, en cambio, es un insulto a algo religioso. Un ejemplo en inglés sería “Fuck in hell!”, y en italiano “Porca Madonna!”. 

Badenes contaba que en EE. UU. hay una línea divisoria muy clara entre lo que es más grave (de blashemy para arriba en la lista) y lo que es menos grave (de profanity para abajo). Dicho de otra manera, los insultos que están de blasphemy para arriba en la clasificación, no están permitidos en la TV, de profanity para abajo, sí. [En el siguiente link se nos ilustra acerca de este vital asunto en Gran Bretaña: artículo de The Independent 2016 sobre insultos. El término"watershed", que aparece en el artículo, sería nuestro "horario de protección a la infancia".]

En traducción se trata de buscar categorías equivalentes, lo que no es nada fácil, porque además de los aspectos semántico y pragmático, cada variedad lingüística tiene una entonación particular y cada persona tiene su manera de pronunciar, su acento, su cantito individual. El narrador mismo del cuento de Borges señala la insuficiencia de la palabra escrita: “(esas palabras hay que oírlas, no leerlas)”. [Y ahí podríamos abrir todo otro capítulo sobre el pícaro uso de ese signo tipográfico auxiliar, los paréntesis curvos, esas guiñadas de complicidad manejadas con maestría, y la alusión al Martín Fierro, en la intricada red de intertextualidad típica de los textos borgeanos.]

Volviendo a mis clases de español, antes de presentarles a mis estudiantes “La trama”, ya me  enfrento al problema de la entonación. ¿Será mejor que lean el microrrelato en silencio, individualmente, antes de la lectura colectiva? ¿O arrancar leyendo yo en voz alta para que presten atención a la pronunciación y a la entonación? Cuando lo leo en voz alta y llego a esas dos palabras: “¡Pero, che!”, siento una responsabilidad abrumadora al intentar darles la entonación adecuada. Por unos segundos prácticamente me tengo que transformar en una actriz, venciendo mi timidez. Hago lo que puedo; espero que Georgie, si me escucha desde su infinito laberinto, me tenga piedad.

Todo eso en dos palabritas…

En mi recorrido por la traducción y la docencia descubrí algo: una de las enseñanzas más valoradas por cualquiera que aprenda otra lengua es una buena puteada. Porque no hay nada más sano y reconfortante que poder decir el insulto justo en el momento justo, en cualquier idioma.



[1] Empecé a escribir esta entrada con el masculino genérico: la verdad es que me cuesta usar la “e” inclusiva... Sin embargo,  al releer los primeros dos párrafos recordé que ya en las primeras clases les hablo sobre la movida de la “e” en Argentina. A mí me cuesta incorporarla, pero cada tanto les digo “chiques” y veo sonrisas en sus caras, me piden que la use, sobre todo las chicas: son sonrisas de complicidad y solidaridad. Entonces en honor a esas sonrisas corregí los primeros párrafos y decidí seguir con la “e”, aunque me cueste y se me critique por tal osadía.


domingo, 19 de abril de 2020

Leer Borges en italiano en tiempos de coronavirus

Pedro Figari (Montevideo 1861-1938), Pampa, Museo de Bellas Artes de Buenos Aires
Aquí van los links de los videítos que les mandé a mis exvecinas y exvecinos de Vanzago, con la lectura en español y en italiano del cuento El cautivo, de Borges; más adelante una explicación del contexto de esta lectura: 
Leonora legge El cautivo de Borges parte 1

Mi pueblo en Italia se llama Vanzago. Tiene alrededor de 9000 habitantes. Está en la Provincia de Milán, en la Lombardía, en una de las zonas que más está sufriendo.
Al poco tiempo de llegar al pueblo, los vanzagueses y las vanzaguesas me "adoptaron" y me propusieron que integrara una lista para las elecciones municipales. Me eligieron "consigliere comunale" (concejala o edila) y después el intendente Roberto Nava me ofreció ser "assessora alla scuola" (algo así como directora del departamento escolar del pequeño municipio). Fue una de las experiencias más interesantes de mi vida y por eso les estaré siempre agradecida; también fue una gran responsabilidad y un gran honor pertenecer a ese equipo humano con gran sentido de comunidad.
Cuando vi en facebook que habían organizado esta iniciativa (Vanzago Coraggio) para llevar entretenimiento a quienes se tienen que quedar en casa, les ofrecí mandarles mi modesta contribución desde este lado del océano (es la primera vez que me filmo, así que estaba medio nerviosa...).
Quería mandarles también todo mi afecto en estas circunstancias complicadas.
Coraggio, Vanzago!
Il mio paese in Italia si chiama Vanzago. Ha circa 9000 abitanti. Si trova nella Provincia di Milano, in Lombardia, in una delle zone piú colpite.
Poco dopo il mio atterraggio nel paese, i vanzaghesi e le vanzaghesi mi "adottarono" e mi proposero di far parte di una list civica per le elezioni comunali. Sono stata eletta consigliera e poi il sindaco Roberto Nava mi offrí l'incarico di assessora alla scuola. È stata una delle esperienze piú interessanti della mia vita e di ciò gli sarò sempre grata; è anche stata una grande responsabilità e un grande onore appartenere a quel gruppo umano con grande senso della comunità.
Quando ho visto che avevano organizzato questa iniziativa (Vanzago Coraggio) per portare intrattenimento a chi deve restare a casa, gli proposi di inviare il mio modesto contributo da oltre oceano (è la prima volta che mi registro per cui ero un po' nervosa...).
Volevo mandargli anche tutto il mio affetto in queste complicate circostanze.
Coraggio, Vanzago!

Quiero agregar algo: mucha de la pasión por Borges se la debo a mi profesor del Instituto Eduardo Mallea, Osvaldo Beker. Antes de cursar Literatura con él (hace pocos años), ya había leído muchos textos de Borges, pero su pasión fue muy contagiosa. También recuerdo con mucho afecto a otro gran profesor que tuve en la Facultad de Humanidades en Montevideo, cuando yo tendría unos veinte años e iba a sus clases incluso casi sin dormir (eran los sábados a las 9 de la mañana...): Jorge Medina Vidal. Recuerdo en particular su análisis del cuento La intrusa: fue una maravilla.
Si quieren más información acerca del pintor que elegí para ilustrar este artículo, Pedro Figari, les aconsejo visitar el siguiente link: Museo Pedro Figari en Montevideo

miércoles, 1 de abril de 2020

Parar un tsunami con el diccionario

La gran ola de Kanagawa, Kasushika Hokusai, entre 1830 y 1833

Fresquito, recién salido del horno, el último número de puntoycoma, el Boletín de los traductores españoles de las instituciones de la Unión Europea, con el artículo que escribimos a cuatro manos con mi gran amiga y colega Beatriz Sosa Martínez, compañera de facultad allá por los lejanos años ochenta, en la Universidad de la República, en Montevideo.

En el artículo reflexionamos acerca del lenguaje inclusivo y de las múltiples estrategias que tenemos quienes hablamos español, y en particular quienes traducimos, para evitar un uso sexista y discriminatorio del idioma.



miércoles, 25 de marzo de 2020

Los eufemismos también matan



El árbol de la vida, cultura Chancay (Perú), entre 900 y 1476
A comienzos de marzo había empezado a escribir una entrada para este blog acerca de la pobre representación política femenina en mi país de origen, Uruguay, que supo ser de vanguardia en tantos aspectos a lo largo de su historia. 

La idea que tenía era comparar mi entrada de hace un año (marzo 2019) https://leomadalena.blogspot.com/2019/03/vieja-negra-y-extranjera-la-primera.html?m=1 con la situación poselectoral de hoy, marzo 2020 (las últimas elecciones nacionales en Uruguay fueron en noviembre 2019).

A pesar de mi modestísimo llamado de atención desde este blog hace un año, en las últimas elecciones la representación femenina en los cargos electivos en 2019 fue peor que en 2014, como consigna el siguiente artículo del diario El País de Montevideo, que no se puede considerar un medio revolucionario de izquierda o feminista: 

Aquel plan acerca de la nueva entrada del blog se vio interrumpido por el vértigo del COVID-19. En pocos días los acontecimientos empezaron a acelerarse a un ritmo nunca antes visto. Todo iba cambiando muy rápido, a medida que el contagio se expandía y que los gobiernos de los países afectados empezaban a tomar diferentes medidas para contener los daños.

En Italia, otra de mis patrias, la situación se ponía cada vez más dura. Mi hija menor y mis otros familiares, mis exvecinas y exvecinos, mis amigos y amigas sufren, aguantan, se deprimen, se cuidan y cuidan, se inventan, se descubren, sin saber hasta cuándo tendrán que vivir en primera persona este relato de ciencia ficción de terror de Ray Bradbury.

En Argentina, la patria donde vivo, hace varios días que estamos en aislamiento (desde el 20/03/2020) y el gobierno cada vez toma nuevas medidas para contener la debacle que se avecina y que ya se sabe que golpeará más a las franjas más débiles (as usual). La Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), dada a conocer en los informes del 5 y del 28 de diciembre de 2019, registró para la segunda parte del año 2019 un 40,8% de personas bajo la línea de pobreza, de los cuales un 8,9% se ubicaron por debajo de la línea de indigencia. 

Wichis qom ya se morían de hambre y de invisibilidad antes del virus. La situación económica general ya era un desastre antes del virus. Sin embargo, algo bueno pasó: mucha gente de bandos políticos opuestos se unió en actitud solidaria ante la emergencia. Otras personas no, claro, porque hay de todo en la viña del señor...

En Uruguay, hoy (25 de marzo), el actual gobierno, cuya asunción fue hace escasos veinticuatro días (¡!), todavía no tomó casi ninguna de las duras y valientes medidas que tomó el gobierno que fue electo en el mismo período de este lado del charco: no solo no hay cuarentena, sino que cuando en Argentina se prohíbe que se les corten los servicios públicos durante 180 días a quienes no podrán pagarlos debido a la emergencia económica, en el paisito las tarifas se aumentan un 10%... Y Uruguay es hoy el país de América del Sur con mayor número de contagiados en proporción a su escasa población.

Como las malas noticias no vienen solas, con respecto a los cuatro feminicidios en diez días que se perpetraron en marzo, el presidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle Pou (el Cuquito, como es conocido, y lo digo sin querer faltar el respeto hacia su alto cargo), habló de inevitables daños colaterales. Ahí llego a la cuestión lingüística y me disculpo por la larga introducción.

Busqué en Wikipedia la historia de la expresión daño colateral (clic en el link). Sé que no es una fuente del todo confiable, pero tampoco estoy escribiendo una tesis de doctorado.

Solo quisiera entender si hay una relación entre aquella pobre representación femenina en la política uruguaya y en cualquier cargo dirigente (también en la empresa privada, en las instituciones, en los clubes, en las asociaciones, etc.) y el uso de este eufemismo por parte del presidente recientemente electo.

¿Qué corno quiere decir el Cuquito con la expresión "daños colaterales", que proviene del lenguaje militar, para referirse a los feminicidios

Me acuerdo cuando me topé por primera vez con esa expresión, en la Guerra del Golfo. Ese eufemismo de origen militar me llenó de indignación humana, como me llena de indignación todo lo relacionado con las guerras: soy pacifista. Pero escuchar al presidente del Uruguay usar ese eufemismo para referirse a las mujeres asesinadas por hombres con los que tuvieron alguna relación me produce algo más que indignación, me revuelve las tripas. ¿Cuál es la guerra? ¿Cuáles los soldados?

También me subleva que se use el lenguaje militar para hablar de un virus: no es una guerra, es un virus. La guerra siempre es evitable. Un virus es un virus. Un asesinato es un asesinato, y siempre es evitable. Una mujer asesinada es una mujer asesinada, no un daño colateral. El machismo es machismo. Y también mata, como los eufemismos.

A propósito del uso discursivo de los eufemismos encontré esta joyita del lingüista holandés Teun Van Dijk (las negritas son mías):

Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.39 n.60 Valparaíso  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342006000100003 

...la manipulación de la cognición social puede también incluir las bases mismas de toda la cognición social: el conocimiento general compartido socioculturalmente. De hecho, una de las mejores formas de detectar y resistir intentos de manipulación es el conocimiento específico (por ejemplo acerca de los actuales intereses de los manipuladores) así como conocimiento general (por ejemplo acerca de las estrategias para mantener el presupuesto militar elevado). Será, pues, de interés de los grupos dominantes asegurarse que no se adquiera un conocimiento general relevante y potencialmente crítico o que solo se adquiera conocimiento parcial, mal dirigido o prejuiciado.

Un ejemplo bien conocido de esta última estrategia fue la afirmación con la que el gobierno de Estados Unidos y sus aliados legitimaron el ataque a Irak en 2003: “conocimiento” acerca de armas de destrucción masiva, conocimiento que luego resultó falso. Se oculta información que puede llevar a conocimientos que se podrían usar para resistir la manipulación, por ejemplo, acerca de los costos reales de la guerra, el número de muertos, la naturaleza del “daño colateral” (civiles muertos en bombardeos masivos y otras acciones militares), etc. característicamente es ocultado, limitado o de alguna manera hecho aparecer menos riesgoso y, por ello, discursivamente desenfatizado, mediante eufemismos, expresiones vagas, implícitos, etc.

(...) Nuestro conocimiento sociocultural forma el núcleo de estas creencias y nos permite actuar, interactuar y comunicarnos significativamente con otros miembros de la misma cultura. Lo mismo sucede con muchas actitudes e ideologías sociales, compartidas con otros miembros del mismo grupo social, por ejemplo, pacifistas, socialistas, feministas, por una parte o racistas y machistas chauvinistas, por la otra (van Dijk, 1999). Estas representaciones sociales se adquieren gradualmente a lo largo de la vida, y si bien pueden cambiar, normalmente no cambian de un día para otro. (...)

El artículo completo en este link: Teun Van Dijk

Por último, algunas recomendaciones lingüísticas relacionadas con el virus, la enfermedad, la vacuna, etc. publicadas por Fundéu: 

Las expresiones vacuna contra la COVID-19 y vacuna anti-COVID-19 son más precisas y resultan, por tanto, preferibles a vacuna contra el coronavirus para referirse a la que se está intentando obtener para frenar la actual pandemia, como señala la Real Academia Nacional de Medicina. También es posible formar expresiones con el mismo significado empleando el prefijo anti-.
Vacuna contra la enfermedad o contra el virus
En el lenguaje médico y también en el español general es frecuente hablar tanto de vacunas contra una enfermedad (vacuna antigripal) como de vacunas contra el virus o la bacteria que las provocan (vacuna antimeningocócica o vacuna contra el virus del papiloma humano).
En el caso actual, resulta más preciso hablar de vacuna contra la COVID-19, que es el nombre de la enfermedad establecido por la OMSVacuna contra el coronavirus es una fórmula más imprecisa, ya que existen otros coronavirus diferentes del SARS-CoV-2 (el causante de la actual pandemia), por lo que en todo caso habría que usar la forma más compleja vacuna contra el SARS-CoV-2.
Con el prefijo anti-
• También es posible aludir a las vacunas con el prefijo anti-, seguido del sustantivo que da nombre a la enfermedad (en este caso, vacuna anti-COVID-19) o al agente que la causa (vacuna anticoronavirus, aunque, como se ha explicado anteriormente, resulta una fórmula imprecisa).
• Asimismo es habitual emplear ese mismo prefijo seguido de un adjetivo derivado a partir del nombre de la enfermedad o del agente que la causa: vacuna antidiftéricavacuna antirrábica, etc.
Para esta enfermedad, el adjetivo correspondiente sería covídico/a, y el del virus coronavírico o coronaviral, todos ellos correctamente formados, aunque, como es lógico, todavía registran un uso muy escaso. A partir de ellos, podrían formarse las expresiones vacuna anticovídica, en referencia a la enfermedad, y vacuna anticoronavírica o vacuna anticoronaviral, en relación con el virus, aunque estas últimas son formas más imprecisas.


sábado, 8 de febrero de 2020

El balor del herror



Foto propia LM
EL BALOR DEL HERROR




Hace un tiempo iba caminando por la Av. Libertador de Buenos Aires y me topé con el cartel publicitario de la foto. Entonces se me aceleraron algunas sinapsis. Resumo, más o menos, el hilo de mis razonamientos, asociaciones y divagues varios.

En primer lugar, ese “porqué” en “No hay porqué” está mal porque si fuera un sustantivo tendría que estar precedido por un artículo u otro determinante, como en “el porqué de las cosas” o “tenía una respuesta para cada porqué”. En el caso del aviso, lo correcto habría sido “no hay un porqué”. De lo contrario, si estamos ante una subordinada causal, tendríamos que usar “por qué”, separado; en tal caso quedaría “no hay por qué”, con el verbo “tomarla”  o "no tomarla", por ejemplo, implícito.

Me detengo a pensar en la archifamosa marca, símbolo del imperio del consumismo, del éxito empresarial y del marketing, con una larga historia de publicidades icónicas (¡Madmen, yessss!), y no puedo evitar hacerme algunas preguntas. Es que quienes nos ocupamos de la lengua (y no solo a la vinagreta), tenemos esos defectos profesionales, nuestras obsesiones. (Sí, sí, es cierto, somos medio TOC). ¿Será un error que se les pasó a un número indeterminado de personas en el largo proceso que culmina en este cartel de la Av. Libertador? Naaaaa, no puede ser, estamos hablando de Coca Cola… Pero si no es un error, lo hicieron a propósito. Mmmmm ¿y con qué finalidad? No encuentro ninguna respuesta satisfactoria.

Vuelvo a la primera hipótesis (se les pasó a los chiquicientos que lo leyeron antes de que terminara en Libertador) y me acuerdo de cuando detecté un error semejante en otro cartel a dos cuadras de ahí. Aquella vez me había tomado la molestia de fijarme cuál era la agencia de publicidad y de escribirles, muy diplomáticamente. Nunca recibí respuesta.

Otra vez, como soy medio testaruda y una optimista incurable, encontré un error de esos horribles, que te hacen poner la piel de gallina, en un flyer de un aviso de un seminario o una conferencia (ya ni me acuerdo) organizada por el Ministerio de Educación (seeeeeeeee) de un país que no quiero nombrar. Se trataba de formación para docentes (sic) y escribí a la dirección de contacto que estaba en el aviso. Tampoco me contestaron.

Ahora me estoy acordando de otra ocasión, cuando le señalé a un autor reconocido y multipremiado, en un mensaje privado (obbbbbvvvvvvio), que había detectado un error de incongruencia en los nombres de los personajes al final de una novela que había publicado hacía poco: se confundía a la protagonista con su madre justo cuando se explicaba la vuelta de tuerca del desenlace. Nunca me contestó, y eso que yo le decía que seguramente le iban a reeditar su novela, que era muy buena, y que sería fácil corregir ese desliz en una futura edición.

Pero el panorama no es tan deprimente. Hace un tiempo hice una traducción de un artículo científico y, junto con el texto traducido, le entregué a mi clienta su original en español con algunas pequeñas correcciones y comentarios (realmente estaba muy bien escrito). Se quedó encantada y me agradeció que le hubiera corregido también el español. Me dijo que le había servido mucho lo que le había señalado. Rescato esa actitud, que debería ser más valorada en nuestra sociedad. Mi clienta aprendió algo nuevo y seguramente incorporará lo aprendido a sus próximos artículos, que serán todavía mejores, más comprensibles, más legibles y de lectura más amena.

Siempre hay que aprender del error, aprender a equivocarse (como ya se sabe, la única persona que nunca se equivoca es la que nunca hace nada), y también aprender a controlar las propias obsesiones y rigideces (ejem, ejem, esto va también para mí y para quienes estudiamos corrección…).

Quienes aprenden de sus propios errores siempre aspiran a mejorar la calidad de lo que hacen o producen. La actitud hacia el error define la capacidad de aprendizaje de una persona, así como su tolerancia a la frustración. La permeabilidad a una crítica constructiva en un entorno laboral o académico serio debería ser más valorada que la búsqueda obsesiva de la perfección.

Sin embargo, lamentablemente, a las personas no les gusta que les señalen errores, aunque en la empresa o en el sitio de la institución donde trabajan aparezca un cartelito que diga “Queremos mejorar, así que nos gustaría que completaras la encuesta”. Si realmente quieren mejorar, ¿por qué una nunca encuentra un resquicio en el sistema donde señalar un error? Y si excepcionalmente una lo encuentra y escribe, ¿por qué nunca recibe una respuesta? He escrito a instituciones oficiales (municipios, ministerios, etc.), a empresas (mi banco, agencias de publicidad, empresas de transporte, etc.) y a particulares (etc., etc.) sin haber obtenido nunca una sola respuesta.

Claro, con los errores de lengua pasa algo peor que con la suciedad. Cuando algo está muy sucio todo el mundo lo nota, aunque cuando está limpio nadie dice “¡Qué limpio que está!”. Los errores de lengua, en cambio, ya ni se notan; solo de vez en cuando alguien se escandaliza por algún error de ortografía. Pero encima, como nadie está libre de cometer alguno, mejor no andar señalando los que detectamos en los demás, no sea cosa de que después nos señalan los nuestros… no lo soportaríamos.

Antes dije que en general a las personas y a las instituciones no les gusta que les señalen errores, pero “en general” no es “a todas”. Hay excepciones, y el futuro es de las personas y de las instituciones excepcionales. Las que haprendan a ekibocarse.